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Chía, Cajicá y Tocancipá midieron mal y el POT tuvo que corregir lo que el topógrafo no entregó completo

Cuando el levantamiento topográfico llega tarde al proceso de planificación urbana

En la Sabana de Bogotá, tres municipios con crecimiento acelerado —Chía, Cajicá y Tocancipá— han protagonizado en los últimos años un fenómeno que los técnicos conocen bien: la expansión urbana avanzó más rápido que la información catastral, y los Planes de Ordenamiento Territorial tuvieron que ajustarse porque el levantamiento topográfico original no cubría las nuevas áreas de desarrollo ni reflejaba las transformaciones del terreno.

Este problema no es menor ni anecdótico, porque cuando un municipio define sus usos del suelo, sus normas de edificabilidad y sus zonas de protección sin contar con información topográfica actualizada, las consecuencias se trasladan directamente a propietarios, constructores y a las mismas curadurías urbanas que después deben resolver las contradicciones.

Qué ocurre cuando el POT trabaja con datos topográficos desactualizados

Un Plan de Ordenamiento Territorial se construye sobre capas de información geoespacial, y la base de todas esas capas es el levantamiento topográfico del territorio municipal, que debe incluir cotas, linderos reales, rondas hídricas, zonas de ladera y trazados viales verificados en campo.

Cuando esa base no existe o tiene más de diez años sin actualización, como ocurrió en varias zonas de expansión de estos tres municipios sabaneros, el POT define polígonos de desarrollo sobre geometrías inexactas, y los urbanizadores que llegan después encuentran que las vías proyectadas no coinciden con el terreno real, que las áreas de cesión calculadas no corresponden a las superficies medidas, y que las cotas de inundación trazadas en papel no tienen sustento en campo.

El topógrafo que llega a uno de esos predios para desarrollar un proyecto de urbanización enfrenta entonces una contradicción técnica: las normas del POT le dicen una cosa, pero el levantamiento topográfico predial le muestra otra.

Lo que los constructores descubren al medir en estos municipios

En Tocancipá, donde la industria y la vivienda crecieron de forma simultánea sobre terrenos que antes eran cultivos, varios promotores inmobiliarios reportaron entre 2023 y 2025 diferencias de hasta cuatro metros entre las cotas definidas en los planos del POT y las cotas reales del terreno, diferencias que afectaron directamente los diseños de cimentación, los trazados de redes de alcantarillado y los perfiles viales aprobados.

En Cajicá, la situación se concentró en zonas cercanas al río Bogotá, donde la ronda hídrica definida en el ordenamiento territorial no coincidía con los límites verificados mediante levantamiento topográfico con equipos GPS diferencial, lo que generó suspensiones de obras ya iniciadas y procesos de revisión ante la Corporación Autónoma Regional.

En Chía, el problema apareció con más fuerza en los bordes del casco urbano, donde predios que figuraban como urbanizables resultaron tener pendientes superiores al quince por ciento, condición que exige estudios adicionales y que el POT no había incorporado por falta de información topográfica detallada.

El papel del topógrafo cuando el POT ya no alcanza

En estos escenarios, el topógrafo deja de ser únicamente el profesional que mide el predio puntual y se convierte en el actor que produce la evidencia técnica necesaria para que el municipio actualice su información base.

Varios procesos de revisión ordinaria del POT en la Sabana de Bogotá han incorporado como requisito técnico la entrega de levantamientos topográficos georreferenciados al sistema oficial MAGNA-SIRGAS, con precisiones definidas según el tipo de zona, urbana o rural, y con coberturas mínimas que incluyen rondas de quebradas, taludes activos y trazados viales existentes.

Esta exigencia ha incrementado la demanda de topógrafos con experiencia catastral en la región, porque el trabajo ya no consiste solo en medir un lote individual sino en producir insumos técnicos que serán incorporados a las bases de datos municipales y que tendrán efectos normativos sobre toda el área circundante.

Tres lecciones concretas para constructores que trabajan en estos municipios

  • Verificar siempre las cotas del POT contra el terreno real antes de comprometer cualquier diseño, porque la diferencia puede modificar completamente los presupuestos de movimiento de tierras.
  • Solicitar al topógrafo que entregue el levantamiento georreferenciado en coordenadas MAGNA-SIRGAS y no solo en coordenadas locales, porque la curaduría y la CAR exigen ese sistema para cualquier trámite de licencia en zona de expansión.
  • Revisar si el predio tiene afectaciones por ronda hídrica verificadas en campo, ya que las definidas en el POT pueden no coincidir con la realidad medida y esa discrepancia puede detener una licencia en cualquier etapa del trámite.

La Sabana de Bogotá sigue creciendo a un ritmo que la información catastral difícilmente alcanza, y cada nuevo proyecto que llega a estos municipios enfrenta el mismo punto de partida: medir bien antes de diseñar, porque lo que el POT dice y lo que el terreno tiene son dos versiones de la misma realidad que no siempre coinciden.

Fuentes

  • IGAC – Resolución 471 de 2020: especificaciones técnicas para la generación de insumos cartográficos en el catastro multipropósito, 2020
  • Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio – Decreto 1232 de 2020: modifica el régimen de licencias urbanísticas en Colombia, 2020
  • CAR Cundinamarca – Informe de seguimiento a rondas hídricas en municipios de la Sabana de Bogotá, 2024
  • Universidad Nacional de Colombia – Grupo de Investigación en Catastro Multifinalitario: ordenamiento territorial y actualización catastral en municipios de crecimiento acelerado, 2023
  • DNP – Documento CONPES 3958: estrategia para la implementación de la política pública de catastro multipropósito, 2019